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Segundo año con GLP-1: ¿seguir mantiene el peso? Lo que vi en STEP 5

Llevo más de un año con semaglutida y quería saber si seguir mantiene el peso el segundo año. Esto muestra STEP 5 a las 104 semanas —y lo que no promete.

10 min read

Este artículo es solo para fines informativos y de referencia de estilo de vida, y no constituye consejo médico. Consulte a un profesional de la salud cualificado para cualquier decisión relacionada con la salud.

Segundo año con GLP-1: ¿seguir mantiene el peso? Lo que vi en STEP 5

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Un año después, la pregunta que no me dejaba en paz

Llegué al año con Wegovy casi sin darme cuenta. La aguja ya no me daba miedo, la báscula se había parado en un número que no veía desde hacía tiempo y la ropa por fin me quedaba como quería. Y justo ahí, con todo en su sitio, volvió la duda de siempre: ¿y a partir de aquí, qué?

No me preguntaba qué pasa si lo dejo. Eso es otra historia, y da para un capítulo entero. Lo que me rondaba era lo contrario. Si sigo pinchándome, ¿el peso se queda donde está el segundo año, o esto se va desinflando poco a poco?

El primer año ya lo conté en otro sitio; aquí me interesa lo que viene después. Y resulta que sí, hay datos de dos años con el fármaco puesto, sin soltarlo ni un mes. El estudio se llama STEP 5, y merece que nos sentemos a mirarlo con calma —sin vender humo y sin asustar a nadie.

Qué miró STEP 5 en realidad: 104 semanas sin bajar la guardia

STEP 5 siguió a un grupo de personas durante 104 semanas. Son unos dos años, sí, pero quédate con el número exacto: 104 semanas. Lo de "dos años" es solo la forma cómoda de decirlo.

Lo que más pesa para mi pregunta es cómo se tomó el fármaco. Las primeras 16 semanas sirvieron para subir la dosis poco a poco, hasta la de mantenimiento: semaglutida 2,4 mg —el principio activo de Wegovy— una vez por semana. A partir de ahí, cada participante siguió con esa misma dosis 88 semanas más, hasta completar las 104. Nadie la abandonó a mitad de camino. El diseño va justo de eso: seguir con el tratamiento, no "lo quito y miro qué pasa".

Ese grupo se comparó con otro que recibió placebo. Y hay un detalle que al principio se me escapaba: los dos grupos, el del fármaco y el del placebo, cambiaron a la vez sus hábitos de comida y de actividad. Así que lo que se mide no es "la pluma contra nada", sino el fármaco sumado a esos hábitos frente a los hábitos por sí solos.

¿Y qué se propuso medir STEP 5 como objetivo principal? Dos cosas, las dos a la semana 104: cuánto cambiaba el peso en porcentaje, y cuánta gente llegaba a perder al menos un 5 % de su peso. Guárdate ese 5 %, porque vuelve más abajo.

El promedio a los dos años

Vamos a las cifras, que es a lo que veníamos.

A la semana 104, el grupo que siguió con semaglutida 2,4 mg había perdido de media un 15,2 % de su peso. El grupo placebo, un 2,6 %.

Aquí conviene frenar un segundo, porque estas cifras se enredan enseguida. Ese −15,2 % y ese −2,6 % son el cambio total de cada grupo respecto a su punto de partida. Cada uno va por su lado; no se suman entre sí.

¿Y la distancia entre ambos? El estudio la calcula en 12,6 puntos porcentuales, y es lo que atribuye al fármaco por encima del placebo. Fíjate en las unidades: son puntos porcentuales, la resta de los dos números de arriba. No es un tercer porcentaje de peso que se apile encima.

CifraQué esEn qué eje va
−15,2 %Cambio medio del grupo de semaglutidaPeso perdido (total del grupo)
−2,6 %Cambio medio del grupo placeboPeso perdido (total del grupo)
12,6 ppDiferencia entre los dos gruposPuntos porcentuales (una resta)

−15,2 % y −2,6 % son los totales de cada grupo. 12,6 es la distancia entre ellos, medida en puntos porcentuales. Tres cifras, dos ejes distintos. No las sumes.

El placebo, por cierto, tampoco volvió del todo a su punto de partida —ese −2,6 % de media dice que algo se sostuvo por su cuenta—, pero la parte gruesa de la historia es la distancia con quien mantuvo el fármaco. Estos números salen del análisis de STEP 5 publicado en Nature Medicine en 2022. No es el folleto de un laboratorio: es un ensayo con su grupo placebo y sus dos años de tratamiento medidos.

¿Cuánta gente conservó la pérdida?

El promedio cuenta una parte. La otra es cuánta gente, en concreto, llegó a los dos años conservando una pérdida grande. Y aquí cambiamos de eje: ya no hablamos de "cuánto peso se perdió", sino de "qué proporción de participantes se quedó por encima de cierto umbral".

Esto es lo que se vio a la semana 104:

Umbral de pérdida mantenidoSemaglutida 2,4 mgPlacebo
≥5 %77,1 %
≥10 %61,8 %13,3 %
≥15 %52,1 %7,0 %
≥20 %36,1 %

Un 61,8 % del grupo de semaglutida seguía a los dos años con al menos un 10 % menos de peso, frente al 13,3 % del placebo. Y un 52,1 % conservaba al menos un 15 %, frente a un 7,0 % con placebo. La distancia entre un grupo y otro cuesta pasarla por alto.

Ahora, el punto que más se malinterpreta: estos escalones se meten unos dentro de otros. Quien mantuvo un 15 % también está contado en el 10 %, y quien mantuvo un 20 % está dentro de todos los de arriba. Por eso, otra vez, no se suman. Si juntaras 77,1 más 61,8 más 52,1 más 36,1 te saldría un número muy por encima de 100, y no querría decir nada.

Estos porcentajes son de personas, no de peso. Y como cada escalón incluye al de abajo, sumarlos no significa nada.

Dicho rápido: buena parte de quienes conservaron un 10 % o más también conservaron un 15 % o más. Son casi los mismos, mirados con distinta lupa.

Por qué la media no es tu media

Y aquí toca tener la cabeza fría. Un 15,2 % de media es un dato del grupo. No es una promesa para ti.

La tabla de antes es la mejor prueba. Mismo fármaco, misma dosis, las mismas 104 semanas… y los resultados individuales van desde quien conservó más de un 20 % hasta quien se quedó por debajo del 5 %. Esa dispersión no es un fallo del estudio: es cómo responden los cuerpos de verdad. La genética, el punto de partida, cómo encaja cada uno los hábitos —todo cuenta.

Así que la media sirve para intuir qué cabe esperar de mucha gente a la vez, no para clavar tu número. Si empiezas —o sigues— dando por hecho un 15 % exacto, te estás fiando de una cifra que retrata a un grupo entero, no a una persona concreta.

Y no, nada de esto significa que el fármaco no funcione. Significa que funciona dentro de un rango, y que tu sitio en ese rango no se sabe de antemano. Eso no es letra pequeña incómoda; es ser honesto con lo que un ensayo puede decirte y con lo que no.

La letra pequeña: esto vale mientras sigas pinchándote

Vuelvo a lo del principio, porque es la clave de todo el artículo. Todo lo que muestran estos dos años lleva una condición pegada: se siguió con el tratamiento. La dosis de mantenimiento de 2,4 mg, semana tras semana, esas 88 semanas hasta la 104.

No son datos de "lo dejé y a ver qué pasaba". Son datos de "seguí con ello". Si lo que buscas es qué ocurre al parar, esa es otra conversación —y seguir, bajar la dosis o dejarlo es una decisión propia, con sus propios números, que aquí no toco.

Esto encaja con cómo se entiende hoy la obesidad: una condición crónica que se gestiona, no algo que se resuelve una vez y ya está. La tensión alta o el colesterol funcionan parecido —el tratamiento ayuda mientras está puesto—. Con los GLP-1, la evidencia de dos años describe exactamente eso: se mantiene el peso mientras se mantiene el fármaco.

Dos años de datos no dicen "adelgazas y listo". Dicen "se sostiene mientras sigas". Toda la cifra bonita cuelga de ese "mientras".

Y sí, seguir tiene un coste práctico que no sale en las gráficas. En España, sin ir más lejos, Wegovy no entra por la Seguridad Social: se paga de bolsillo, en torno a 300 € al mes según la farmacia. Sostener esa cifra dos años no es un detalle menor. Merece hablarse con tu médico como parte del plan, no descubrirse tarde como una nota al pie.

Dónde está la línea de seguridad

Antes de cerrar, la parte que ningún dato de peso debería tapar: para quién no es este fármaco, y qué conviene vigilar. Va en tres niveles, de más a menos tajante.

El primero es una contraindicación absoluta. Si tienes antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides —ese tipo concreto de cáncer— o el síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2 (MEN2), la semaglutida queda descartada. En la ficha estadounidense esto aparece como una advertencia en recuadro, el aviso más serio que usa la FDA, y también como contraindicación. Y un apunte que importa: esa es la etiqueta de Estados Unidos. Cada país redacta sus aprobaciones a su manera —la AEMPS en España, y sus equivalentes en México, Argentina o Colombia—, así que lo que aplica a tu caso depende de dónde estés.

El segundo nivel es una advertencia, no una barrera de entrada: la pancreatitis aguda. La ficha no prohíbe empezar por ella, pero sí indica que, ante una sospecha de pancreatitis, se suspende el fármaco y se maneja el cuadro. Es de esas cosas que se hablan con el médico antes, para saber reconocerlas a tiempo.

El tercer nivel es el de los efectos que más gente nota, y que rara vez son graves: los digestivos. Náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento. Suelen ser el peaje de las primeras semanas y de cada subida de dosis. Que sean frecuentes no quiere decir que no molesten, ni que le sienten igual a todo el mundo. Y desde luego no significa que el fármaco no tenga efectos secundarios; ningún medicamento serio los tiene a cero.

Terminé de leer todo esto con la cabeza más en calma que cuando empecé. Dos años con el fármaco puesto sostienen buena parte de lo perdido —de media, y para bastante gente—. Pero ni la media es tuya ni el resultado se decide solo: se decide semana a semana, sin soltar el tratamiento. Cuánto tiempo, a qué dosis y hasta cuándo no lo fija un ensayo: lo decides tú, con tu médico al lado. Todo lo que has leído sale de ensayos y artículos científicos publicados; lo que hagas con tu tratamiento se habla con quien te atiende, no con un blog.

Fuentes

Las afirmaciones de este artículo se verificaron con las fuentes primarias siguientes.

  1. PubMed Central (NIH)pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9556320
  2. ClinicalTrials.govclinicaltrials.gov/study/NCT03693430

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